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Contar con unas piscinas de fibra en el jardín es hoy posible gracias a la oferta existente en el mercado. Pero si la elección del modelo es un aspecto secundario y fruto del gusto del usuario, no lo es el sistema de construcción empleado, en el que es ,sin duda, el proyecto de mayor coste de cualquier jardín privado.

El primer requisito es disponer de un espacio adecuado. Se estima que la superficie mínima para la ubicación de una piscina ha de ser de unos 5 x 3 metros, más 1,80 metros de amplitud en el perímetro. No obstante, es aconsejable disponer de unas dimensiones de 8 x 3 o incluso más, para hacer rentable la instalación de la depuradora.

Si se desean unas buenas piscinas de fibra de construcción tradicional, puede decantarse por las construidas en fábrica de ladrillo o, muy habitualmente, con hormigón. En este caso, es preciso proceder a la excavación y a la colocación de una capa de grava o de piedra machacada en el fondo, para limpieza de solera y formación de pendientes, y posteriormente se ejecuta la estructura de hormigón. Puede utilizarse hormigón armado tradicional u hormigón gunitado.
Cuando la piscina es de hormigón tradicional se ejecutará colocando un encofrado que defina la forma del vaso y se colocará la armadura corrugada necesaria, hormigonándose in situ. Cuando se ejecute el vaso utilizando hormigón gunitado, primeramente se procederá a la formación del tabique, que servirá además para la sujeción de los accesorios del sistema de filtración si la piscina cuenta con dicho sistema; posteriormente se dispondrá un mallazo de armadura corrugada y se procederá a su gunitado, que consiste en una mezcla de hormigón bastante seco que se proyecta a una gran presión mediante una manguera.

Acabado con pintura plástica

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Por último, sea cual sea la fórmula elegida, el acabado puede realizarse con pintura plástica resistente al agua, con piezas cerámicas de gres esmaltado, inatacable a ácidos y de porosidad nula, con láminas de PVC o cloruro de polivinilo, o con películas de resinas poliméricas, que dan un acabado continuo similar al pavimento coloreado de algunos garajes y garantizan perfectamente la estanqueidad.

Las piscinas de poliéster y fibra de vidrio son muy duraderas. Estos materiales se emplean con éxito en aviones y en la fabricación de productos que requieren de gran resistencia. Su instalación es rápida, su estanqueidad perfecta, resisten las heladas y, salvo golpes que puedan perforarlas, no suelen presentar ningún tipo de problemas. Las medidas más corrientes son de 7 x 3,5 x 1,50 y de 5 x

2,30 x 1,35, pero existen en numerosas medidas y, como no, en numerosas formas.

Mantenimiento en piscinas de fibra

El tiempo, descuido o falta de uso de la piscina, puede provocar el deterioro de la misma, produciendo grietas y otros desperfectos, que si no son atendidos a tiempo pueden ocasionar el deterioro total o incluso irreversible de algunos elementos.

El mayor problema que pueden presentar las piscinas de fibra es la pérdida de estanquidad del vaso, que puede estar causada por la aparición de fisuras en su estructura o por la degradación del material impermeabilizante que se hubiera dispuesto en el interior o en el exterior.

Para comprobar la causa, en primer lugar habrá de vaciarse las piscinas de fibra y realizar una auscultación de la superficie interior, localizando si existe alguna fisura. En caso de ser su revestimiento de gres, seguidamente conviene golpear la superficie con un martillo, protegido en su cara de impacto con un material plástico, para detectar posibles zonas huecas o con el revestimiento mal adherido.

Si existen fisuras en la pintura de revestimiento o rotura de piezas cerámicas, cuando la piscina esté recubierta interiormente con ellas, debe picarse la zona próxima y rellenar la fisura con un producto adecuado. Si la grieta es de reducido espesor, se debe rellenar con masilla de poliuretano, de un solo componente, que garantizará un cierre permanente de la fisura.
Si el espesor de la fisura es más importante, debe colocarse un cordón de sellado interior, de materiales muy absorbentes del agua, como la bentonita, que sellarán con mayor fuerza cuanto mayor humedad les llegue.

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Posteriormente se imprimirán con resina los bordes de la fisura y se aplicará en la zona superficial la masilla de poliuretano antes citada.
En caso de que el recubrimiento interior y, por tanto, la estanqueidad de la piscina estuviera en tan malas condiciones que no pudiera ser reparable, conviene eliminar el revestimiento existente, reparar las posibles fisuras y colocar un nuevo revestimiento, bien aplicando distintas capas de resina de poliéster armada con fibra de vidrio, que nos garantizará una total estanqueidad, o con una lámina de PVC armada con una malla de fibra de poliéster.
Limpieza

Si el vaso de la piscina es de hormigón, una vez saneadas las zonas huecas o mal adheridas deberá limpiarse cuidadosamente el soporte, preferentemente con chorro de agua fría a temperatura ambiente, con alta presión mediante una bomba y utilizando una boquilla fina para proyectar el chorro de forma continua y homogénea.

Una vez limpia, cuando el revestimiento interior es cerámico, conviene aplicar cada cinco años una solución impermeabilizante, generalmente compuesta por cemento blanco y resinas sintéticas en emulsión, que además de impedir el paso del agua presentan una magnífica adherencia sobre el soporte, resistencia al cloro y a los aditivos del agua.